El tren jamaiquino se introdujo en Puerto Rico a finales del siglo 18. Su objetivo era ahorrar costos y mano de obra en el proceso de evaporar el agua del guarapo hasta convertirlo en meladura a punto de azúcar. Consistía de un enorme fogón de ladrillo usualmente con cuatro grandes hornillas y un solo fuego. En cada hornilla había una paila o fondo, que eran recipientes abiertos de forma hemisférica hechos en hierro. Cada uno era más pequeño que el anterior, ya que la evaporación iba reduciendo el volumen de líquido. Anteriormente, este proceso se realizaba en pailas asentadas cada una sobre un fuego de leña. El tren jamaiquino, por tener una chimenea creando una corriente de aire continua, permitía la quema de bagazo como combustible. La estructura que lo albergaba se llamaba comúnmente Casa de Pailas.