21 de noviembre de 2023

Doña Sofía y su puesto de café en la estación de Arecibo

El artículo que sigue celebra a Doña Sofía quien tuvo un puesto de refrigerios en la vieja estación del tren a las afueras del pueblo de Arecibo durante las primeras décadas del siglo veinte. La reseña fue publicada en el periódico El Mundo del día 5 de enero de 1922:1

La célebre Doña Sofía


¿Y quién es doña Sofía? Interrogará el lector.

Doña Sofía es una dama de unos cincuenta años que desde mi niñez tiene un puesto en la estación del ferrocarril de Arecibo, donde expende los sabrosos bizcochos y el riquísimo café con leche. Cuando llega el tren a la estación doña Sofía no da abasto para despachar a tantos pasajeros que piden ansiosamente, temiendo que el tren los deje, un bizcocho, un vaso de leche o una taza de café: Doña Sofía dame esto, Doña Sofía dame lo otro  - dicen todos a la vez y doña Sofía, con mucha calma, con extraordinaria paciencia, les responde: “Hijos míos, ya voy. No tengan tanta prisa que el tren no se les vá''- ¿Qué quieres tú?- dice y le contesta un pasajero:- "Bizcocho”. Y… ¿que desea el otro amigo: - “leche”.


Estación Arecibo en la década de 1940.2
La ventana abierta en el primer piso pertenecía a la cantina.
Foto es posterior a la época de Doña Sofía.
Y así pasa la vida doña Sofía, unas veces alegre cuando gana, y otras veces enfurecida cuando pierde, o se le va algún pasajero sin pagarle. Cuando un pasajero se precipita dentro del tren sin haber pagado el importe de su compra, doña Sofía se pone interesantísima y hay que oírla. ¡Ladrón de levita! ¡Bandolero! ¡Ya me las pagarás! Ya te he de coger otro dia’.

Pero cuando pierde más doña Sofía, es cuando pasa por Arecibo un tren de excursionistas…

Un joven que iba conmigo en el tren, me decía momentos antes de llegar a dicha estación: “Doña Sofía tiene muy buen café y bizcochos; es lo mejor que hay en toda la linea”.

Pero doña Sofía, tan pronto reconoció a mi amigo, le dijo:- “Joven, Ud. me debe una peseta. ¿No se acuerda? El año pasado, yendo Ud. para Aguadilla, me cogió igual a éstos, y en una mano le enseñaba el cuerpo del delito. EI amigo, ante la gran facultad fisonómica de la simpática dama, metió la mano en su bolsillo y le pagó la deuda del año anterior y murmuraba:- ¡qué memoria feliz tiene esta doña Sofía”.

En Arecibo el tren se detiene un instante y un gentleman, de nombre Augusto, que iba conmigo, confuso y nervioso, temiendo que partiera el tren, se vá sin pagarle a doña Sofía, pero a la vuelta o quizás el año próximo doña Sofía se acordará que Miguel doña Sofia se acordará que Augusto los bizcochos.

¡Paga eso, Augusto!

E. Ramírez BRAU


Fuentes

1. Ramírez Brau, E. (1922, enero 5). La célebre Doña Sofía. [Periódico digitalizado]. El Mundo. A.4. No.888. p.8. Chronicling America: Historic American Newspapers. Lib. of Congress.

2. (1940s). A of PR069. [Imagen digitalizada]. Flicker. Biblioteca ferroviaria nacional John W. Barriger III.